Ese contraste es precisamente lo que hace especial esta novela. Matabot insiste una y otra vez en que no le interesan los humanos, pero sus actos cuentan una historia muy distinta. Bajo su sarcasmo constante y su incomodidad ante cualquier interacción social se esconde un personaje lleno de matices, capaz de despertar más empatía que muchos protagonistas de carne y hueso.
Martha Wells construye un mundo futurista sin detenerse en largas explicaciones. Todo fluye con naturalidad y el lector descubre ese universo al mismo tiempo que acompaña a Matabot en una misión que, poco a poco, va revelando que las mayores amenazas no siempre son las más evidentes. La novela avanza con un ritmo constante y consigue equilibrar la tensión con un humor seco que funciona sorprendentemente bien.
Después de ver la serie, me llamó la atención lo respetuosa que es con el libro. Mantiene la ironía del protagonista y gran parte del espíritu de la historia. Aun así, el libro tiene una ventaja difícil de igualar: permite entrar en la mente de Matabot. Sus comentarios, dudas y contradicciones aportan una profundidad que convierte una aventura de ciencia ficción en una reflexión sobre la libertad, la identidad y el deseo, tan simple como universal, de decidir por uno mismo.
Sistemas críticos apenas supera las ciento cincuenta páginas, pero demuestra que una novela no necesita ser extensa para dejar huella. Ha sido una lectura ágil, inteligente y, sobre todo, muy divertida. Lo mejor de todo es terminar la última página con la sensación de que esto no ha hecho más que empezar y con muchas ganas de seguir acompañando a Matabot en las siguientes entregas.
Mi valoración personal es de un 4 sobre 5. Muy recomendable.
Muy pendiente
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